


La tarea más complicada iba a ser encontrar una pintura que se asemejara al color de los muebles hechos a medida. Acudí al establecimiento donde habitualmente suelo comprar las pinturas y allí elaboraron para mí el color exacto (a base de ensayo y error), así que, superado este paso, ya sólo había que ponerse manos a la obra con la brocha.
Reconozco que el proceso de pintado de este mueble ha llevado algunos meses, no por resultar un trabajo complicado, sino por falta de tiempo. Sólo la parte trasera del mueble fue tratada con imprimación (se trataba de una fina chapa de madera sin tratar) y después de la restauración debía tener un aspecto impecable ya que iba a ser vista. Todo el mueble fue pintado alternando brocha y rodillo.
En los detalles metálicos (tiradores y visagras) apliqué una capa de aluminio, proporcionando con este gesto un aspecto más limpio a los mismos, e incluso más acorde con la estética de los tiradores modernos de la cocina.





A veces reciclar algunos muebles puede tener un final feliz. ¿Qué te parece?















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