La primera vez que vi este armario me enamoró... me di cuenta al instante, no solo de la maravillosa pieza que tenía delante, sino también de la cantidad de posibilidades decorativas que ofrecía y de la preciosidad en que podía llegar a convertirse.
Llevaba unos cuantos años arrinconado en un trastero y sus propietarios estaban pensando en deshacerse del él por falta de espacio. Yo no podía permitir que un mueble tan bonito acabara en la basura o echo trizas, así que pedimos prestada una camioneta y nos lo llevamos a casa.
Estoy tremendamente orgullosa del resultado final, aunque el mérito no sea del todo mío (ha sido mi pareja quien ha hecho casi todo el trabajo). Ahora este precioso armario ocupa un lugar privilegiado dentro de nuestro dormitorio, y no me canso de admirar el gran trabajo que hemos hecho con él.
Aplicamos una capa de esmalte de color aluminio a las bisagras, los embellecedores y las llaves (que eran de un color dorado apagado) y también las envejecimos con un poco de betún de judea.
En el interior, en una de las puertas colocamos el espejo original, a pesar de que estaba un poco dañado por el paso del tiempo, pero le da un aspecto más auténtico si cabe. Los cajones y los estantes también son los originales. Lo único que es nuevo es el mecanismo de las cerradurras y sus respectivas llaves.
Y aquí está terminado... ¡preciosísimo!
Me acabo de quedar de piedra con el armario... que preciosísimo !!!
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